lunes, 23 de abril de 2018

Lo que ha unido el baile que no lo borre el olvido




            -¿Yo? Creo que te equivocas. No nos conocemos de nada. Puede que me hayas confundido con alguien, pues tengo una cara muy común.

-Va a ser que no. Te conozco, ya que ambos coincidimos en ese local tan emblemático de la ciudad donde pinchan ritmos latinos y al bailar contigo sentí una atracción tal que no me resistí a tocarte esos pectorales marcados bajo esa camiseta que tan bien te ceñía el pecho. Seguro que me tachaste de mujer fácil y lanzada. No obstante, muy lejos de la realidad, pues todos los que me conocen al contrario me tachan de mujer fría que no expresa sus sentimientos. Sin embargo, contigo rompí todos mis esquemas y decidí lanzarme, disfrutando de ese baile tan sensual que es la bachata. Por eso, lo que ha unido el baile que no lo separé una falsa imagen de mí.

Por cierto, debemos presentarnos, ya que esa noche ni siquiera lo hicimos, puesto que nuestros respectivos amigos nos lanzaron a los brazos del otro debido a la gran tensión sexual que irradiábamos ambos, pero fue tal mi azoramiento que huí al estilo Cenicienta, pero sin perder el zapato.

Me llamo Claudia, como esas ciruelas tan dulces, ¿y tú, cómo te llamas? Parece que se te ha comido la lengua el gato, morenazo de ojos verdes. Por lo que veo sigo siendo yo la lanzada.

-Perdona que me ría, pero no estoy acostumbrado a que me entre y me piropee una chica, además tan guapa como tú. Mi nombre es Cristóbal, como mi padre y el padre de mi padre, pero todos mis amigos me llaman Cris, así que si gustas también puedes llamarme así.

He de decir a favor de la verdad que tú me gustaste también, pero tu huida tan improvisada me hizo pensar que no te gusté. ¿Será que te pisé sin querer? ¿Sería quizá que soy arrítmico y no sé seguir el paso? Andaba un poco achispado, mucho quizás, y no recuerdo mucho de aquel día, eso sí, te recuerdo a ti vívidamente, sobre todo, tus manos masajeando mi torso y tu mirada mientras bailábamos, esa expresión cuando tus ojos sonríen.

-Ahora la que se ríe soy yo. ¿Y cómo es eso que no recordabas mi rostro?, pero empezamos bien, puesto que si valoro algo en una persona cuando la conozco es que me haga reír y tú lo has hecho con creces. Y no, no me pisaste, tampoco eres un pato mareado bailando, pues me llevaste muy bien mientras bailamos aquella noche. Sin embargo, tu mirada de ojos verdes me encandiló, tal que me dejó sin habla, de ahí que saliera huyendo, ya que no estaba preparada para esa danza de cortejo. Eso sí, eres todo un galán y un poeta porque con tus palabras has hecho que la línea recta de mis labios se convierta en una curva y dibuje en mi cara una sonrisa de oreja a oreja.

-Claudia, no puedo dejar de excusarme ante tremenda metedura de pata de mi parte al no reconocerte hoy, pero es que esa noche estabas diferente a ahora que vas de sport y sin maquillar, además yo diría que esa noche usabas lentillas y llevabas el cabello suelto.

-Es verdad, me has pillado y  por ahí te voy a perdonar que no me hayas reconocido ahora, dijo Claudia, esbozando una amplia y sincera sonrisa.

-En esta era de las nuevas tecnologías me ha sido casi imposible dar contigo, guapa, pero bendita causalidad haberte encontrado en el lugar más inesperado, ya que estando en este lugar a parte de unirnos el amor por los bailes de salón también nos unen otras inquietudes que espero ir descubriendo si tú me dejas, como es el caso de ayudar desinteresadamente a los demás. Por cierto, ¿en qué proyecto colaboras tú? Yo llevo más de una década en Cruz Roja colaborando en proyectos de inserción laboral y absentismo escolar. De hecho, mis primeros pinitos en esta reconocida institución fueron como monitor despertador y como me vas a preguntar qué es eso exactamente, voy a adelantarme y te diré que mi tarea consistía en llevar a un niño a clase desde su casa y ésta distaba de la escuela tan sólo a doscientos metros. Y en esa época yo no disponía de carné de conducir, de ahí que madrugara y cruzara toda la ciudad andando hasta la casa de ese niño para llevarlo a la escuela.

-Cristóbal, perdón Cris, en mi caso me siento realizada colaborando cuando mi tiempo me lo permite en proyectos con personas mayores, ya que me gusta mucho escucharlas, acompañarlas y hacerles todas aquellas tareas que ellas no pueden hacer, como irles a la farmacia, a la compra... Creo que es muy importante trabajar con estas personas, ya que son una fuente de sabiduría y podemos aprender mucho de ellas, dado que la experiencia es un grado. Y a la vez, creas vínculos sentimentales con ellas, puesto que la mayoría de ellas viven solas y sus familias apenas las visitan, ya sea porque viven lejos, el trabajo se lo impida o bien se desentiendan de sus padres o de sus parientes con una edad avanzada.

No obstante, quizás lo que más me ha incentivado a dedicar mi tiempo a las personas mayores es haber sufrido con mi abuela sus problemas de demencia senil que provocaron que no nos reconociera cuando íbamos a visitarla a su casa. Ella que había sido como una segunda madre para mí y para mis hermanas, ya que muy pronto nos quedamos sin mi padre y mi madre tuvo que hacerse cargo sola de nosotras y salir fuera de casa para buscarnos el sustento, trabajando de sol a sol en casas ajenas y, por ende, pasando muy poco tiempo con nosotras.

Mi abuela Juana, a la que cariñosamente llamábamos Mamá Juana, fue un gran pilar para mi madre, pues ella nos recibía después de la escuela, nos hacía nuestras comidas favoritas, nos cuidaba si caíamos enfermas o simplemente nos llevaba a pasear cuando hacía buen tiempo. En esos casos nos preparaba tortilla de patatas que le salía riquísima y de postre paparajotes que mojamos en azúcar y canela sentadas en una mesa en el parque de la fuente de abajo mientras disfrutábamos del paisaje y de nuestra compañía.

Mi querida y añorada abuela fue perdiendo la memoria poco a poco. Al principio fueron pequeños despistes, pero fue yendo cada día más a más, hasta el punto que un día que fuimos a visitarla nos dijo que quiénes éramos. Nosotras pensamos que estaba de broma, pero al comprobar que lo decía muy en serio el mundo se nos vino encima. Esa noche me acosté, pero no pude pegar ojo, porque ella era para mí un ejemplo a seguir, una mujer de gran fortaleza y una gran sabiduría, hecha a sí misma. A pesar de no haber ido a la nunca a la escuela, la vida se lo enseñó todo. De hecho, tuvo que ir a Madrid con mi tío pequeño para ser operado allí y nunca se perdió, porque tenía muy desarrollado el sentido de la orientación y se fijaba en todo.

Cambiando de tema, porque éste me trae tristes recuerdos. ¿Qué haces esta tarde? Vaya, qué lanzada estoy, pero es que tengo que salir a un recado al centro y puede que no volvamos a coincidir esta mañana por aquí. Así que si te apetece nos podríamos tomar un café por el casco antiguo de la ciudad, pues necesito despejarme.

-Por mí estupendo Claudia, ¿qué tal si nos vemos a las seis de la tarde en la cafetería que hay junto a los soportales que hay junto a la catedral donde podemos disfrutar de unas vistas estupendas de la plaza, del Sagrario y de los picos nevados de la sierra al fondo?

-Me parece una idea genial, allí se desayuna y se merienda muy bien. De hecho, tengo muy gratos recuerdos de esa cafetería, dado que solía ir allí con mis antiguos compañeros de trabajo cuando trabajaba por esa zona de la ciudad y siempre teníamos una excusa para ir allí y darnos un homenaje. Ahora nos vemos poco, pero cuando lo hacemos disfrutamos mutuamente de nuestra compañía. Además, he de decirte que siempre he ido dejando puertas abiertas por los lugares donde he trabajado y siempre que puedo me llego a visitar a mis antiguos compañeros de trabajo, pues a parte de trabajar también confraternizo y mantengo buenas relaciones de amistad.

-Chica, realmente me alegra no sabes cómo escuchar eso, ya que a mí me sucede igual y debido a mi buen talante no me cuesta hacer nuevos amistades, aunque en el fondo soy una persona muy tímida e introvertida.

En mi caso el baile me ha servido para vencer en gran medida mi timidez, pues antes nada más hablar con alguien extraño me hacía sudar. Ahora no, al menos eso ya lo he superado. De hecho, he conocido a mucha gente en clases de baile así como en los congresos a los que asisto con mis compañeros para bailar. Además, el baile me sirve como terapia, ya que me lo paso genial y me río muchísimo.

-Cris, a mi me pasó algo parecido, pero a mí me enseñó a bailar un buen amigo cubano. Él me inició en la salsa y me llevó a su país donde en cualquier lugar de La habana nos arrancábamos a mover la cadera sin importarnos quién nos mirara y si yo lo hacía bien o mal. Tan sólo nos dejábamos llevar por el son de la música.

Ese viaje fue inolvidable, puesto que experimenté toda una serie de sensaciones que me hicieron cogerle el gusto a viajar, dado que el conocer nuevos lugares y nuevas personas también te hace vencer tu timidez y hacerte una persona más abierta de mente.

Gracias a eso y el conocer a una amiga dominicana, unos años después se inició mi gusta por la bachata antes de que se pusiera de moda, así que con esta amiga viajé a la isla de La Española, concretamente a República Dominicana, donde me aficioné a su gastronomía, sobre todo, de la arepa dominicana. Disfruté enormemente de los paisajes caribeños. Incluso, aproveché para visitar el vecino país de Haití, donde pude practicar mi francés y conocer esa parte de la isla que fuera colonia francesa en otro tiempo y donde la época de la esclavitud se dejaba vislumbrar en sus gentes, ya que la mayoría de ellos son personas con orígenes africanos, de ahí que sus bailes típicos recuerden mucho a las danzas africanas, en las que los movimientos de cadera son tan esenciales.

Claudia, veo que nos une también el gusto por viajar. Para mí es primordial hacerlo, no sólo por temas de trabajo, ya que gracias a ello conozco nuevos lugares, nuevas culturas, nuevos paisajes, nuevos sabores u otras personas. La mayoría de las veces he viajado sólo, ya sea porque no he tenido con quién hacerlo o ya sea porque cuando yo podía los demás no podían.

El mejor viaje que he hecho hasta ahora fue a Perú, donde me pasé todo un mes de diciembre y recorrí el país de norte a sur.

Llegué a Lima donde me esperaba una gran amiga, pasando con ella y su familia unos días antes de viajar al sur del país, donde recalé en la ciudad de Cuzco, a más de cuatro mil metros de altura, padeciendo el soroche o el mal de altura debido a la gran altitud, que me provocó el que me faltara el aire en algunos momentos al principio.

Ello no me impidió disfrutar al máximo de esta ciudad que es Patrimonio de la Humanidad, así que tras descansar un poco tras mi llegada a la ciudad cogí y salí con mi guía particular para hacer un tour y subimos al barrio de san Blas, una de las zonas más altas de la ciudad, desde donde se ve una espectacular panorámica de la ciudad de Cuzco. Y de ahí fuimos a la Plaza de Armas, donde se halla la catedral y la iglesia de la Compañía de Jesús, así como unos soportales que me recordaron a los que hay en la ciudad giennense de Baeza.

De vuelta al hotel paramos en una pequeña tienda donde una dependienta cuzqueña con su traje típico de cholita, su buen humor y su simpatía nos hizo probarnos varias prendas típicas de esa zona de la sierra peruana, elaboradas con lana de alpaca y vicuña, además de deleitarnos con un truco con una olla mágica. Así que cogió un vaso de agua y lo vertió en la olla por un orificio y después nos lo puso encima de la cabeza y pensando que nos iba a poner chorreando nos cubrimos la cabeza y al ver que no lo hizo nos quedamos muy sorprendidos. Me gustó tanto que la compré para hacer lo mismo con mis sobrinos cuando volviera a casa.

Al día siguiente compré un billete de tren y me dirigí a la ciudadela de Machu Pichu. Salí al amanecer hacia la estación de tren de Poroy, a unos kilómetros de Cuzco, y desde allí partimos en un tren de turistas hacia el poblado de Aguas Calientes, disfrutando en el trayecto del paisaje y de las ruinas que se nos mostraban a lo largo del camino, así como de los picos nevados de los Andes.

Una vez en Aguas Calientes compré la entrada para la ciudadela y el billete del microbús que me llevaría hasta allí, un trayecto muy peligroso, ya que subes por un sendero muy estrecho dejando a un lado el valle del río Urubamba, pero al acceder a las ruinas de la ciudad inca se te olvida todo, ya que al estar allí te hace sentir como si tocaras las nubes con las yemas de los dedos. Incluso, en ese lugar parece como si el tiempo se detuviera y viajaras a otro tiempo.

Sin prisas subí hasta la Puerta del Sol, aunque era un día en el que el astro rey no se dejó ver para nada, pues llovía y las nubes no dejaban ver en su esplendor el recinto de la ciudadela inca en su esplendor. Y si lo hacía era entre brumas, pero todos los turistas que andábamos por allí lo disfrutamos igualmente, mientras veía como discurría el agua por aquellas construcciones ancladas en la montaña.

Una vez que nuestros pulmones se llenaron del aire puro que allí había descendí hasta Aguas calientes y haciendo hora para coger el tren para volver al Cuzco y siguiendo el sendero hacia las aguas termales que dan nombre a este poblado, me despojé de mi vestimenta toda mojada y me sumergí en dichas aguas mientras disfrutaba del sonido de los rápidos del río Urubamba que bajaban con gran fuerza y estruendo desde las alturas de la sierra, a la vez que te hacía sentir una serenidad y sosiego indescriptibles, olvidándote de todo y de todos. Sólo estabas tú en medio de la naturaleza y de no ser porque había que volver a Cuzco me hubiera quedado allí más tiempo.

En el viaje de regreso disfrutamos de una pasarela de modelos con trajes típicos de la zona, fabricados con la lana de alpaca, a la vez que la representación de un baile típico del pueblo de Ollantaytambo, en el cual una pareja aparecía ataviada con trajes regionales de vistosos colores típicos de la zona bailando una danza milenaria.

Al siguiente día a las cinco de la mañana mi guía me recogió y fuimos hasta las salinas de Maras en el Valle Sagrado del Cuzco, donde pude ver una construcción singular de la arquitectura inca, pero para llegar allí tuvimos que pasar por toda una serie de pueblos en los que sólo se hablaba quechua, la lengua nativa de los incas y que mi guía hablaba con soltura. En aquel lugar y a primera hora de la mañana pudimos disfrutar tanto de la serenidad de ese paisaje en el que no se veía ni un alma a aquellas horas tempranas de la mañana, así como de la visión de los nevados de los Andes, a la vez que surcaba el cielo azul un cóndor con su majestuoso vuelo.

De las salinas partimos a la ciudad de Cuzco, para ir al mercado de San Francisco y comprar productos peruanos para elaborar en casa platos típicos peruanos, como es la carapulcra chinchana, un plato inca que se elabora antes de la llegada de los españoles y que aprendí gracias a una amiga peruana. Como era la hora del desayuno mi guía y yo desayunamos en el mercado una rica sopa de pollo con chuño, una especie de papa deshidratada con los hielos de los Andes. Tras comprar en este mercado fuimos al mercado de San Pedro donde pude comprar artesanía y algunos regalos para mis amigos de aquí.

Volví de nuevo a Lima desde donde viajé de nuevo al norte del Perú, donde visité Chiclayo, la ciudad de la Amistad, donde pude conocer Lambayeque, la casa con el balcón más largo del mundo, el museo del Señor de Sipán, la playa de Pimentel donde el océano Pacífico rompía sus olas con una gran fuerza y estruendo. Además, pude disfrutar allí con una familia de una pachamanca, una forma de preparar los alimentos bajo tierra muy original.

Regresé a Lima y allí pasé los últimos días de mi viaje, viviendo allí la Navidad con mi familia adoptiva peruana y echando mucho de menos a la matriarca a la que tuve el gusto de conocer años atrás. En Miraflores asistimos a un espectáculo en vivo de salsa y en la casa de uno de los tíos de mi amiga acabamos casi al amanecer tomando unos tragos como dicen en Perú y bailando cumbia, que las chicas de la familia tuvieron la paciencia de enseñarme. Lo pasamos estupendamente, pues el baile y el vino dieron pie a que riéramos a carcajadas. Para culminar mi viaje, uno de los últimos días en la capital peruana asistí a un concierto de música tradicional en vivo con sones incas y quechuas.

Sin lugar a dudas fue un gran viaje porque viví muchas experiencias que quedaron grabadas en mi mente y en mi corazón.
Ay, que se nos pasa el tiempo hablando y aún tengo que hacer unos recados.

-¿Te parece si lo seguimos haciendo esta tarde cuando quedemos para tomar el café?

-Por supuesto, Claudia. Nos vemos esta tarde en el lugar acordado, ya estoy deseando retomar el hilo de nuestra conversación, ya que me pareces un chico muy interesante y encantador.

Unas horas después, Cris esperaba ansioso y expectante la llegada de Claudia en la plaza donde se halla la cafetería en la que habían quedado.

Cuando Claudia llegó al punto de encuentro, Cris la esperaba con una amplia y sincera sonrisa que lo hacía más atractivo si cabe con ese hoyuelo que tenía en la barbilla. Estaba allí parado con una pose de caballero de otro tiempo y galán de películas de antaño.

Se saludaron y pasaron a acomodarse para disfrutar de una velada vespertina que se auguraba interesante.

Después de hablar de temas banales, Cris le preguntó a Claudia a qué se dedicaba.

Ella empezó diciéndole que era gobernanta.

-Entonces, ¿tú eres quién gobierna y manda en un hotel? Dijo Cris bromeando.

Claudia asintió.

No obstante, le dijo que su trabajo era más complejo que eso, ya que debía comprobar que todo estuviese en perfecto estado de uso y disfrute, debiendo estar todo limpio y en su lugar, pero, sobre todo, debía cuidar que su equipo de trabajo estuviera bien, ya que si tenemos contentos a nuestros clientes internos, o sea, nuestros empleados, los clientes del hotel notarán eso y su percepción de la calidad que les ofrecemos será mayor.

-Con esta profesión seguro que tienes muchas anécdotas que contar y a mí me gustaría oírtelas decir si es que el secreto profesional no te lo impide.

-Claro que no, de hecho el verano pasado estuve trabajando en Ibiza y gracias a un grupo de gobernantas de la isla me contaron que en un hotel de cinco estrellas había clientes que cocinaban en las terrazas de las habitaciones palomas, incluso corderos, con el consiguiente olor que desprendía eso y las quejas que ponían los demás clientes, pero al ser clientes de alto poder adquisitivo no se les podía decir nada. Eso sí, las camareras de pisos se las veían y se las deseaban para quitar el olor de las habitaciones que esas prácticas llevaban acarreadas, eso sí los clientes de esas habitaciones eran muy generosos con sus propinas.

Gracias a este grupo, mis compañeras gobernantas y yo nos desahogábamos y contábamos nuestros problemas a en nuestros respectivos hoteles y nos dábamos posibles soluciones. No sólo de limpieza de hoteles, sino también como lidiar con el personal o de cómo encontrarlo, sobre todo, habiendo tanta demanda de personal, que se incrementaba debido a la falta de lugares de alojamiento para estos trabajadores, los cuales muchas veces se ven obligados a vivir en la calle por no encontrar donde vivir.

-Ya creo que es un tema peliagudo, Claudia, pero por lo poco que te conozco me da la impresión que eres una persona resolutiva, ordenada y con dotes de mundo.

Ésta soltó una tremenda carcajada que dejó a Cris un poco sorprendido, pero en seguida su semblante se distendió, porque entendió que ésta estaba de broma.

-Y tú, moreno de ojos verdes, ¿a qué dedicas tu vida?

-Me vas a sacar los colores. Soy profesor de primaria. Siempre me ha gustado trabajar con niños. Por eso, estudié Magisterio. Me gusta ver como aprenden y disfrutan aprendiendo, pero para eso hay que tener vocación y desde pequeño tenía claro que me quería dedicar a ello, además de eso tienes que ser un poco actor, payaso y mucha seriedad para que tus alumnos te respeten y estén motivados.

-Cris, me encanta esa labor que haces con los niños, pues son nuestro futuro, pero sobre todo por esa pasión que transmites a la hora de hablar de tu profesión.

Después de hablar de temas serios Claudia creo que va siendo hora que quedemos para volver al principio de nuestra historia.

-¿Cómo dices?

-Tranquila, sólo te estoy pidiendo una cita para ir a bailar, pero esta vez empezaremos por la salsa, ya que me muevo mejor que en la bachata. Por supuesto, si te parece.

-Por supuestísimo que me parece, me caes estupendamente y esto es, sin dudad, el comienzo de algo.

Y eso fue, o ha sido más bien, ya que esta historia comenzó y no acaba aún, aunque una de estas dos piezas del puzle ya no recuerda como dio inicio dicha historia, pero mientras que haya alguien que la cuente nunca acabará.

Esta historia se remonta a cincuenta años atrás y siempre le narra Cristóbal a Claudia delante de sus hijos y nietos cuando van a visitarla en la residencia de ancianos donde ella está ingresada, emocionándola esta historian cada vez que la oye, aunque ella dice no conocer a sus protagonistas.

Todos los suyos sufrieron mucho a causa de esta enfermedad atroz que borró todos los recuerdos de esta bella mujer de un plumazo, pero gracias al amor incondicional que Cristóbal le profesa a ella sus seres queridos logran vencer este dolor y son partícipes de este amor que él siente por ella y que surge de nuevo cada vez que se reencuentran como si fuera la primera vez que se ven. De hecho, sus ojos velados  y fatigados por la edad sonríen llenos de amor cada vez que se miran, siendo el motor por el que Cristóbal se levanta cada mañana.





lunes, 4 de mayo de 2015

La Bicha María



¡Mi hijo!, ¡mi hijo! No dejaba de gritar una mujer, rota por el dolor, cuando comprobó que su pequeño vástago no se encontraba en el moisés, donde lo acurrucó cuando fue a lavar al chorrillo que hay junto a la orilla del río Colorao.

El niño desapareció sin dejar el menor rastro como solía hacer mucha gente que pululaba cerca de la margen izquierda de este río.

Por el pueblo circulaba la historia de la existencia de una gran serpiente de dos cabezas, a la que las gentes del lugar dieron el nombre de la Bicha María, la cual viviría en unas cuevas subterráneas que hay bajo la pequeña población situada en los confines de la Loma.

La leyenda se forjó hace más de dos milenios, ya que los antiguos íberos que aquí habitaban oyeron muchos de los mitos que griegos y romanos narraron de sus tierras de origen en estos lugares de Iberia.

No obstante, dicha leyenda tiene origen heleno, ya que según las crónicas a la antigua ciudad íbera de Cástulo llegaron dos cabellos de la Gorgona en una cratera que contenía vino del Ática. Dicho ser mitológico con tan sólo su mirada convertía a todo ser humano en piedra por el mero hecho de sostenerle la mirada, pero perdió la cabeza a manos de la espada que blandió Perseo, ayudado de un espejo para no mirarla directamente.

El héroe debía llevar intacta la cabeza de la Gorgona tras cercenarla de su cuerpo, pero cortó dos de los terroríficos cabellos de ésta y los guardó en su bolsa que llevaba colgada a la espalda.

De camino a casa tras su grandioso triunfo, pasó por un valle donde se encontró con una bella sacerdotisa que le invitó a acompañarla para ver que le presagiaban las estrellas, pues notó un gran peso sobre Perseo. De este modo, al consultar el oráculo éste vaticinó que los dichos cabellos que portaba cobrarían vida y se fusionarían en uno, creando un nuevo ser monstruoso bicéfalo en un lugar más allá de las columnas de Hércules.

Para evitar que la profecía se cumpliese el héroe decidió que los cabellos quedaran dentro de una pequeña urna sellada, en la que se inscribieron las letras alfa y omega, pues su ruptura supondría el fin de un sueño y el principio de una nueva vida.

El barco que atracó en el puerto fluvial de Cástulo tenía precisamente en su proa un bello y bien trabajado busto de Perseo en madera policromada, ya que el capitán de la nao era de la región de aquel héroe que decapitó a la Gorgona y que cortó aquellos cabellos de la cabeza de aquel ser tan monstruoso, siendo guardados celosamente por sus descendientes en la dicha urna sellada que acabó en el fondo de una cratera de vino en el lugar más recóndito de su bodega que se hallaba en la región del Ática, con el fin de que ésta nunca viera la luz y cuyo contenido ya se olvidaría con el transcurso de los siglos.

Cuando el barco soltó amarras, en la ciudad se produjo un temblor que vaticinó que iba a ocurrir algo importante aunque nadie se diera cuenta de tan crucial acontecimiento, puesto que lo único que provocó fue la ruptura de una cratera de vino del Ática cuando ésta era descendida del barco para ser trasportada al foro de la ciudad donde se hallaban las tiendas en las que se comerciaban las mercancías que llegaban a la ciudad, rompiéndose en mil pedazos y derramándose el rico y preciado caldo, cayendo a su vez un pequeño cofre sellado sin que nadie se diera cuenta sobre el fango acumulado allí al lado del muelle, hundiéndose poco a poco por su propio peso hasta quedar totalmente cubierto.

Sería unos años después cuando un joven lugareño encontraría la pequeña caja, llevándolo enseguida a su humilde casa oculta de la vista de cualquier persona con la que se cruzó camino a su hogar.

Su morada se hallaba al otro lado del río Guadalimar cerca de unas cuevas, de ahí que tuviera que cruzar el puente de piedra que se situaba junto a las termas de aguas relajantes.

En la tranquilidad de su hogar y fuera de la vista de cualquier curioso procedió a abrir la pequeña urna gracias a la ayuda de un cincel, pero en el mismo momento en que ésta quedó abierta el miedo lo paralizó, sobre todo, debido a un estridente silbido que siguió a su apertura, dando un toque mágico a la vez que terrorífico a aquel instante, siendo la causa por la cual este muchacho dejó caer el contenido del cofre al suelo, dónde al contacto con éste los cabellos cobraron vida, uniéndose y escabulléndose de la vista del joven, que sin saberlo contribuyó al nacimiento de la leyenda de un ser mítico bicéfalo en estas tierras de Iberia.

Desde aquel día Lasco, que así se llamaba el muchacho, tuvo un molesto ruido en los oídos que le acompañó hasta el mismo día de su muerte, ya que ese ser monstruoso hizo de las cavernas aledañas su morada y cada vez que silbaba, dicho sonido martilleaba los tímpanos de este joven que despertó del sueño eterno a este engendro mitológico que vino allende los mares.

En las dichas cuevas que había debajo de la pequeña población que había al otro lado del Guadalimar fue creciendo la “Bicha María” como se la conocería popularmente muchos siglos después, aprovechando las cavidades subterráneas que el brazo de mar que discurría por los confines de la loma había formado en este bello paraje.

El crecimiento de este reptil legendario fue lento, de ahí que en un primer momento sólo desaparecieran  de los alrededores pequeños animales, pero dada la cercanía del bosque que hay en uno de los lugares donde las cuevas tienen salida, apenas se hizo notar su presencia, pero en pleno comienzo de la Edad Media ya empezaron a desaparecer animales de los vecinos del pueblo, de ahí que se hicieran batidas contra posibles alimañas que pudiesen existir en la zona, pero los intentos no dieron ningún resultado.

Tuvieron que pasar otros tantos siglos, concretamente hasta finales de la Edad Media, para que este ser maléfico ya tuviera un tamaño bastante considerable y optara por robar niños pequeños que quedaban desprotegidos de la vista de sus madres cuando iban a lavar al río.

No obstante, durante esa época vivía una mujer solitaria y curandera, rodeada de gatos, sobre la que recayeron todas las sospechas, de ahí que se le acusara de brujería y tratos con el demonio y que adquiría vitalidad gracias a beber la sangre de estas inocentes criaturas.

A estas conclusiones llegó el tribunal e hizo confesar a la mujer tales cosas horrendas, siendo inocente de todo lo que se le acusaba, pero fueron tales los tormentos que se le infligieron que acabó confesando todo aquello que no había hecho, de ahí que fuese condenada a la hoguera.

Entre las llamas, la buena mujer emplazó a los miembros del tribunal a llorar lágrimas de sangre por tremenda injusticia. Y así fue como cada uno de ellos fue perdiendo en las semanas siguientes a un ser querido bajo las fauces de la “bicha María”, que coincidencia o no los eligió como sus próximas víctimas.

Dado el carácter infructuoso de la anterior caza de brujas, se optó por pensar en que tales hechos pudiesen haber sido llevados a cabo por alguna gran alimaña que se escondiese en las entrañas de las cavernas, pero no se dio con nada, de ahí que se procediese a sellar todas y cada una de las entradas de las dichas cuevas, que quedaron ocultas hasta casi nuestros días, momento en el que quedaron descubiertas debido a un terremoto que hizo quebrar la torre de la iglesia y echar por tierra una de las grandes campanas de la espadaña.

Fue en ese momento, cuando empezaron a desaparecer de nuevo personas en el lugar, sobre todo, a las orillas del río, ya que la única entrada a las cuevas que quedó al descubierto fue la que se hallaba en dicho lugar.

Una vez más hubo una cabeza de turco al que echar la culpa de la desaparición de los vecinos del pueblo, no siendo otro que el bandolero Antón León que se encontraba escondido en las ruinas de Cástulo, el cual era tan sólo un aguerrido y valiente ladrón que sólo robaba por su supervivencia y la de los suyos.

Es por eso que éste se conocía muy bien el terreno donde actuaba. De este modo, fue el primero que se dio cuenta de la apertura de la entrada de la cueva tras el terremoto y sin ser visto contempló a la horripilante y gigantesca serpiente de dos cabezas introducir en la caverna entre sus fauces a su última víctima.

En un primer momento, quedó paralizado, pero recobrado se dirigió hacia su campamento y relató a sus compinches lo que había visto, pero ninguno de ellos le dio crédito y lo tomaron por loco.

Una vez terminó de hablar, sus hombres le dijeron lo que se decía en el pueblo sobre su autoría como responsable de la desaparición de sus vecinos.

Antón León, sin embargo, quiso defender su honor, pues aunque ladrón, el no se había manchado las manos de sangre, así que cogió pólvora y se dirigió hacia la entrada de la cueva para acabar con el animal y así limpiar su nombre.

Lo primero que hizo fue ver justo a la entrada de la caverna una camisa del animal, la cual cogió y sacó fuera, dejándola bajo la frondosa copa de un árbol que allí había, ya que sería la prueba irrefutable de su inocencia.

Tras dar la espalda a la cueva no se percató que el temible monstruo se disponía a salir. No obstante, fue rápido de reflejos, ya que le dio tiempo a encender la yesca con la que encendió la pólvora, la cual lanzó contra la entrada, siendo tal la explosión que la caverna quedó sellada de nuevo y la bicha no se sabe si murió o quedó de nuevo confinada en su cárcel.

Sin embargo, quien sí murió fue Antón León, pues salió despedido debido a la onda expansiva, quedando tendido junto a la camisa de la bicha María, a donde acudieron los compañeros del intrépido ladrón debido a la gran detonación y al tener la prueba de la existencia de ese ser mitológico que les había relatado su valeroso jefe no dudaron en propagar su hazaña y llevar la camisa de la serpiente junto al cuerpo sin vida de este héroe joven y valiente ante el Cristo de la Buena Muerte, a cuyos pies se veló su cadáver y donde se puede apreciar para quien lo quiera ver la única prueba que existe de esta leyenda que generación tras generación se cuenta en los hogares de este lugar.

martes, 17 de febrero de 2015

Sopa boliviana de quinoa



              INGREDIENTES
>Hueso de ternera
>Cebolleta
>Cilantro
>100 gr. de quínoa
>3 dientes de ajo
>500 gr. de ternera
>1 lata de 100 gr. de guisantes
>2 tomates
>ají panca molido
>1 ají amarillo
>vinagre
>sal
>aceite de oliva
>1 yuca


CALDO

Preparar un caldo con el hueso de ternera, el tallo verde de la cebolleta y cilantro.


SOPA DE QUINOA

1. Sofreír el ajo y cuando esté ligeramente dorado añadir la cebolleta picada y seguir sofriendo.



2. Agregar la carne de ternera troceada, previamente salpimentada.



3. Una vez que la carne esté sellada, añadir el tomate troceado.



4. Agregar el ají panca molido.



5. Añadir poco a poco el caldo hecho previamente.



6. Dejar cocer unos 50 minutos.

7. Una vez cocida la carne, agregar la quínoa y dejar cocer unos 10 minutos.

8. Por último, añadir los guisantes y dejar cocer otros 15 minutos más.


MOJO PICANTE

En un vaso de batidora introducir un ají amarillo, un ajo picado, vinagre, sal, agua y cilantro.




Batir todo hasta que todos los ingredientes estén ligados.




YUCA COCIDA COMO ACOMPAÑAMIENTO

1. Pelar la yuca y trocearla en pedazos grandes.




2. Cocer la yuca en agua con sal.



3. Una vez cocida, trocear un taquitos pequeños y freírlos.




¡BUEN PROVECHO!

jueves, 12 de febrero de 2015

Salmón con salsa de naranja y frutos secos.




INGREDIENTES:
>4 filetes de salmón
>1 cebolla
>3 naranjas
>6 nueces
>50 gr. de pistachos
>aceite de oliva
>sal
>pimienta


PASOS A SEGUIR:

1. Cortar la cebolla en juliana y sofreír en aceite de oliva, añadiendo una pizca de sal para que la cebolla sude.



2. Una vez sofrita la cebolla, añadir los filetes de salmón y sellarlos.

3. Cuando los filetes estén sellados, cubrir con el zumo de las 3 naranjas.



4. Cascar las nueces y pelarlas.

5. Mondar los pistachos.

6. Machacar las nueces y los pistachos y agregarlas sobre los filetes de salmón.



7. Dejar cocer unos 15 minutos.


8. Emplatar y ¡BUEN PROVECHO!

martes, 10 de febrero de 2015

PASTEL DE PUERRO Y CHAMPIÑONES




En el curso de "Introducción a la Metodología Didáctica", realizado en este enero de 2015, gracias a nuestra compañera Ninoska aprendimos a elaborar un "pastel de espárragos", pero he variado la receta y el resultado ha sido muy satisfactorio, así que la comparto con todos vosotros, ya que es muy fácil de hacer y muy saludable.


INGREDIENTES
>3 puerros
>250 gr de champiñones frescos
>2 placas de hojaldre
>4 huevos medianos
>200 ml de nata de cocinar
>200 gr. de queso rallado: mozzarella o gruyère
>250 gr. de jamón de york
>sal
>pimienta
>mantequilla


PASOS A SEGUIR

1. Limpiar y trocear puerros.




2. Limpiar y trocear champiñones.

3. Sofreír el puerro y el champiñón.




4. Batir los huevos, salpimentar y agregar la nata.




5. Untar un molde para tartas con mantequilla.



6. Ayudarse con las yemas de los dedos para amoldar la primera placa de hojaldre en el molde previamente untado con mantequilla.



7. Precalentar el horno a fuego medio (160-170 ºC)

8. Agregar el jamón cortado en tiras.



9. Seguidamente añadir el puerro y champiñones sofritos.

10. Verter sobre esta base los huevos batidos y terminar cubriendo con el queso rallado.



11. Cubrir todo ello con la otra placa de hojaldre, sellándolo todo y con un tenedor hacer agujeros para que la tarta respire.

12. Introducir en el horno, previamente calentado a 170 ºC y dejar hornear unos 25 minutos.

13. Una vez horneado sacar el pastel del horno y dejar entibiar antes de proceder a su degustación.



14. No obstante, es un pastel que también se puede degustar frío.

15. Por último, procederemos a emplatarlo.



          Y listo, ¡BUEN PROVECHO!

domingo, 30 de noviembre de 2014

Mariana Martos Calles, mon arrière-grand-mère, une vie au services des autres.

Fotografía de los años 20 del siglo XX cuando mis bisabuelos Juan y Mariana vivían en un cortijo. En la galera se hallan mi abuela y sus hermanas.

Mon arrière-grand-mère, la mère de ma grand-mère maternelle, est née à la fin du XIXème siècle dans une famille nombreuse de quatre frères et une sœur.

Sa vie est un exemple de sacrifice et de dévouement aux autres.

D’abord, elle s’est occupée de ses parents, ses frères et sa sœur, puisqu’elle était la plus âgée et par là-même elle s’est occupée de tous avec sa mère.

Tôt, elle s’est mariée avec Juan Ortiz, un brave homme avec lequel elle a passé les années les plus heureuses de sa vie, mais la mort le lui a arraché subitement car il a reçu une ruade d’un cheval ce qui lui a provoqué des blessures très graves à l’estomac provocant des vomissements de sang jusqu’au moment de sa mort.

Déjà auparavant la vie lui avait donné un autre grand coup puisque sa fille aînée était morte à cause d’une maladie mal soignée et l’unique fils qui venait dans un accouchement de jumeaux est mort aussi. C’est  pour cela que le couple n’avait pas de garçons.

Après la mort soudaine de son mari elle est restée seule avec six filles qu’elle a dû élever seule. C’est la raison pour laquelle elle a fait toutes sortes de travaux. De cette façon, elle a travaillé dans les champs. Elle a récolté des olives, elle a labouré les champs, elle a récolté des pois chiches et elle a moissonné. De plus elle faisait l’abattage du porc aux familles nanties de la ville. Elle faisait même les repas de mariage car elle éatit un cordon bleu. Et aussi elle a été sage-femme. De fait elle a aidé à accoucher une grande quantité d’enfants qui de nos jours sont encore habitants de Torreblascopedro.

Son dévouement a été tel qu’elle a obtenu d’acheter une petite oliveraie qu’elle a légué à ses filles.

D’autre part elle est devenue infirmière d’un cousin qui était malade de tuberculose puisque personne de sa famille ne s’était chargé de lui. Pour cette raison quand elle arrivait chez elle se lavait consciencieusement pour ne pas contaminer ses filles.

Malgré tout cela, cette femme exceptionnelle a été un défenseur acharnée de l’amour. C’est la raison pour laquelle elle a décidé d’accompagner une de ses nièces en pleine Guerre Civile espagnole à la frontière française pour retrouver son âme-sœur.

À la fin de sa vie elle s’est chargée de sa petite fille. Victime de la folie à cause d’un amour non partagé. À cause de sa folie celle-ci l’insultait et l’a jetée par terre. C’est la raison pour laquelle elle est restée au lit jusqu’à la fin de sa vie.

En définitive cette femme mérite un hommage bien qu’il soit posthume car son parcours vital est un exemple de vie et de dévouement aux autres et il faut reconnaître l’histoire de gens peu importants pour qu’ils ne tombent pas dans l’oubli.

lunes, 13 de octubre de 2014

SIEMPRE VIVO



Justo ayer 12 de octubre de 2014 hizo un mes que ya no estás entre nosotros y aunque llevo ya días dándole vueltas a unas líneas que te estoy escribiendo, las cuales no llegan a expresar lo más mínimo la pérdida sufrida tras tu repentina partida, es ahora cuando le estoy terminando de dar forma.

En el mismo momento en que me enteré que no estabas entre nosotros, me empezaron a venir a la mente un sinfín de recuerdos que no podría plasmar sobre el papel, porque se podrían contar muchas anécdotas vividas juntos, unas absurdas y otras en las que hablábamos de aquello que nos preocupaba.

Ahora entiendo la letra de esa canción que dice "algo se muere en el alma cuando un amigo se va", ya que los amigos son esa familia que uno elige de forma libre.

Te dedico estas palabras, Jesús Fernández Herrera, que como digo no llegan a expresar ni mucho menos lo que siento por tu pérdida, pues hemos sido mutuamente una "vía de escape".

Son, por tanto, una forma de expresar este vacío que no sólo dejas en mí sino en todas esas personas que hemos tenido la dicha, el placer y la suerte de conocerte.


Te fuiste sin decir adiós,
dejando con tu marcha un gran vacío.
Te recordaré siempre amigo,
aunque no podré sorprenderte más
con un trozo de tiramisú,
pero seguro que cada vez que lo prepare:
su aroma, tú percibirás
desde el lugar en que te encuentres.
Y a pesar de que tus labios
no lo dirán nunca más
en mi cabeza retumbará esa frase
que tú siempre dices:
“Dios te conserve esas manos”.
En ese lugar de júbilo donde estás
la música siempre sonará,
ya que ella siempre te acompaña,
predominando los sonidos eurovisivos.
Este verano hemos disfrutado
de rutas turísticas, tomar unos vinos,
tomar un helado o salir de marcha,
pero, sobre todo, para desahogar
nuestras almas de aquello que nos preocupaba
y expresar unas ilusiones
por irrisorias que éstas fueran,
pero que nos hacían tener esperanza.
Queda en mi retina la despedida
junto al Patio el Rubio
antes de dejaros rumbo a casa,
mientras amanecía y os deseaba
que disfrutaseis mucho de ese viaje
que te llevaba a Grecia
junto a Cachi, tu hermano.
Seguirás siempre vivo en aquellos
que te conocimos
porque con tu forma de ser
te ganaste a todos los que tuvimos
la suerte de ser parte de tu vida.
Vuela, vuela, sobre los paisajes idílicos de Islandia.